jueves, 27 de septiembre de 2018

Biografía


Biografía

Nací en Madrid  una fría  tarde de invierno, a los cuatro días de edad me llevaron al pueblo, envuelta en toquillas y mantas.
Me cuentan que espantaba las moscas que se le posaban a una vecina muy mayor, que no podía moverse, yo debía ser muy pequeña pues me llamaba “lo chico”.
Me gustaba corretear entre las sabanas que mi abuela lavaba con esmero y tendía a la mitad, podía oler al añil azulado, que en mi imaginación parecía corretear por el cielo.
La vida en el pueblo era tranquila, con mucha nieve, A veces era tanta la nieve caída durante la noche que las carreteras para venir a Madrid se bloqueaban.
Oía, desde mi cama calentita, decir a mi padre:
_ No puedo ir a trabajar, estamos incomunicados.
Entonces me levantaba de un salto y ese día era fiesta, pues me iba con mi padre a jugar con la nieve.
Me gustaba mucho jugar con los chicos a las chapas, a las canicas, a la peonza, que la bailaba muy bien por cierto.
Las muñecas, bueno está mal que yo lo diga, pero las muñecas las rompía, para gran disgusto de mi hermana.
Tenía ya ocho años cuando nos vinimos a vivir a Madrid, a una buhardilla en la Plaza Mayor, aunque desde nuestras ventanas sólo se veía el cielo. Según cuenta mi madre yo era como un animalillo enjaulado. Pues pasé de corretear por el pueblo a subir casi doscientos escalones para meterme en la buhardilla.
Fué en esa época en la que me aficioné a los libros, pues enfermaba muy a menudo y mi madre me compraba libros, así leí “Miguel el travieso”, “Celia”, y otros muchos que me ayudaban a pasar las tardes en la cama. En los momentos de más fiebre era yo ese niño travieso y de pronto me convertía en Celia.
Aquella época la recuerdo muy feliz, pues me gustaba muchísimo ir con mi padre a la Puerta del Sol, al Paseo del Prado, a la Gran Vía. Íbamos de visita a Tetuán a ver a mi tía. Ir en el metro era una aventura.
Así transcurrió mi infancia.
La adolescencia la viví a Alcorcón, mis padres, por fin, fueron propietarios de un piso con ascensor.
En Alcorcón vivo desde entonces, mi amor por los libros no me abandona, el entusiasmo por aprender siempre cosas nuevas me mantiene alerta y despierta. La situación política, en este momento, me apasiona.   La vida me complace en múltiples cosas. Soy afortunada con lo que tengo.
Me gusta mucho, cuando voy al pueblo, hablar con mis primas de las muchas aventuras que pasamos allí. Recordar, reírnos y disfrutar.
Cris

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Cómo se dibuja a una niña

Homenaje a Gloria Fuertes


Cómo se dibuja a un niño

Para dibujar un niño
Hay que hacerlo con cariño.
Pintarle mucho flequillo,
-que esté comiendo un barquillo-;

Muchas pecas en la cara
Que se note que es un pillo;
-pillo rima con flequillo
Y quiere decir travieso-;

Continuemos con el dibujo:
Redonda cara de queso.

Como es un niño de moda
Bebe jarabe con soda.
Lleva pantalón vaquero
Con un hermoso agujero;
Camiseta americana
Y una gorrita de pana.

Las botas de futbolista
-porque chutando es artista-;

Se ríe continuamente,
Porque es muy inteligente.
Debajo del brazo un cuento
Por eso está tan contento.

Para dibujar un niño
Hay que hacerlo con cariño.

Gloria Fuertes

Cómo se dibuja a una niña

Para dibujar una niña
Hay que estar comiendo piña.

Pintarle trenzas
Porque no hay que tener vergüenza,
Ojos grandes, labios rosas
Ni débil, ni sosa, ni diosa.
La carita delicada
Pero no muy cuidada.

Como es una niña de mundo
Siempre piensa muy profundo.

Lleva pantalones
Para desarrollar sus pasiones
Una camiseta sencilla
Porque es una niña muy pilla
Nada en la cabeza
Pues le gustaría ser jueza
En los pies un zapato cómodo
Para no tener que curarse con yodo.

Siempre sonriendo
Porque no le importa su atuendo
Con un libro
Siempre encuentra el equilibrio.

Para dibujar una persona
Hay que hacerlo con juicio y sin sorna.

Cristina García



domingo, 23 de septiembre de 2018

El Otoño



El Otoño

El otoño es una explosión de colorido.
Las hayas se ponen rojizas, los álamos van del verde al amarillo para luego pasar al marrón en contraste con los pinos verdes.
En los atardeceres se pone el sol  naranja y el cielo adquiere unas tonalidades difíciles de describir. Cuando amenaza lluvia, gris.
El aire fresco y tranquilo pasa entre las hojas bailarinas y se puede escuchar un siseo, que a mí me parece una música agradable y placentera.
Hay un aroma en el ambiente a jara, tomillo y mandarinas.
Dar un paseo entre las hojas recién caídas, cuando aún crujen, es una sensación que evoca mi niñez. No me puedo resistir a pisarlas, aún hoy, aunque la madurez se haya instalado en mi.
Cris


miércoles, 19 de septiembre de 2018

Autonomía y Heteronomía


AUTONOMÍA Y HETERONOMÍA


Para  los que piensan que Don Quijote no está loco sino que es una forma de ver la vida, he encontrado este relato que  quizá defina a este personaje de Cervantes.
Si me siento impulsado a decir la verdad por miedo al castigo, o ayudar a un amigo para no perderlo, o a cumplir una promesa por miedo a que alguien se entere y piense mal de mí, estoy haciendo lo que debo. Sin  embargo, cuando los motivos para actuar son el miedo, el egoísmo o la conveniencia, realmente no soy libre. Actúo condicionado por el fin que persigo: evitar el castigo, no estar solo o que todos piensen que soy buena persona. Mi moral es así heterónoma, es decir, sus normas de actuación dependen de criterios externos.
En cambio, cuando digo la verdad, o ayudo a un amigo, o cumplo mis promesas porque tengo el íntimo convencimiento de que es lo que debo hacer, me doy cuenta de que nadie más que yo mismo me obliga a actuar así. Cuando no importan ni los posibles castigos, ni los intereses personales, ni lo que piensen de mí, actúo con absoluta autonomía; lo que cuenta es la convicción de que cumplir con mi deber supone respetar la dignidad de las demás personas y la mía propia.

Este texto lo encontré en un libro de texto de Filosofía. 
Cris