Biografía
Nací en Madrid una
fría tarde de invierno, a los cuatro
días de edad me llevaron al pueblo, envuelta en toquillas y mantas.
Me cuentan que espantaba las moscas que se le posaban a una
vecina muy mayor, que no podía moverse, yo debía ser muy pequeña pues me
llamaba “lo chico”.
Me gustaba corretear entre las sabanas que mi abuela lavaba
con esmero y tendía a la mitad, podía oler al añil azulado, que en mi
imaginación parecía corretear por el cielo.
La vida en el pueblo era tranquila, con mucha nieve, A veces
era tanta la nieve caída durante la noche que las carreteras para venir a
Madrid se bloqueaban.
Oía, desde mi cama calentita, decir a mi padre:
_ No puedo ir a trabajar, estamos incomunicados.
Entonces me levantaba de un salto y ese día era fiesta, pues
me iba con mi padre a jugar con la nieve.
Me gustaba mucho jugar con los chicos a las chapas, a las canicas,
a la peonza, que la bailaba muy bien por cierto.
Las muñecas, bueno está mal que yo lo diga, pero las muñecas
las rompía, para gran disgusto de mi hermana.
Tenía ya ocho años cuando nos vinimos a vivir a Madrid, a una
buhardilla en la Plaza Mayor, aunque desde nuestras ventanas sólo se veía el
cielo. Según cuenta mi madre yo era como un animalillo enjaulado. Pues pasé de
corretear por el pueblo a subir casi doscientos escalones para meterme en la
buhardilla.
Fué en esa época en la que me aficioné a los libros, pues
enfermaba muy a menudo y mi madre me compraba libros, así leí “Miguel el
travieso”, “Celia”, y otros muchos que me ayudaban a pasar las tardes en la
cama. En los momentos de más fiebre era yo ese niño travieso y de pronto me
convertía en Celia.
Aquella época la recuerdo muy feliz, pues me gustaba
muchísimo ir con mi padre a la Puerta del Sol, al Paseo del Prado, a la Gran
Vía. Íbamos de visita a Tetuán a ver a mi tía. Ir en el metro era una aventura.
Así transcurrió mi infancia.
La adolescencia la viví a Alcorcón, mis padres, por fin,
fueron propietarios de un piso con ascensor.
En Alcorcón vivo desde entonces, mi amor por los libros no me
abandona, el entusiasmo por aprender siempre cosas nuevas me mantiene alerta y
despierta. La situación política, en este momento, me apasiona. La vida me complace en múltiples cosas. Soy
afortunada con lo que tengo.
Me gusta mucho, cuando voy al pueblo, hablar con mis primas
de las muchas aventuras que pasamos allí. Recordar, reírnos y disfrutar.
Cris

