jueves, 25 de octubre de 2018

La sangre y la tinta


La sangre y la tinta

Escuchar a un escritor es una buena manera de aprender cosas que nada tienen que ver con la escritura, cosas de historia, de naturaleza, relaciones sociales, amistad, amor, odio.

Pero en una ocasión, en la presentación de un libro, el escritor comentó que su libro no iba de nada, sólo de las cosas de la vida.

Me pareció muy interesante, luego explicó  una creencia que él tiene y es; que la sangre del escritor está conectada con la pluma fuente que utiliza para escribir.

La sensación es tan poderosa que de todo su ser fluye la sangre a través de la mano que mueve la pluma y ahí se van plasmando los sentimientos y las cosas de la vida.
Me pareció una creencia muy sencilla, muy natural que yo no podría haber expresado mejor, pero sus palabras decían todo lo que yo sentía.

Por  algo él es el escritor y yo una aficionada.
Cris

martes, 16 de octubre de 2018

Pequeños placeres


Pequeños placeres

No todo el mundo es consciente de los pequeños placeres que se pueden disfrutar.
Cada persona tiene  sus gustos y costumbres, pero; ¿quién no encuentra placentero, llegar a casa y quitarse los zapatos después de un largo día?
Cuando en invierno sale un poquito el sol y quedarte ahí,  para  disfrutarlo.
Pararse frente  a un árbol, observar su majestuosidad  y fijarse en el baile que hacen las hojas  e imaginarte una música.
Quedarte cinco minutos más en la cama una fría mañana.
Salir en verano a caminar muy pronto, cuando aun no hace mucho calor.
Las noches de fiestas y baile.
Caminar bajo la lluvia.
Saborear un bombón con los ojos cerrados.
Jugar con los más pequeños.
Nadar en el agua fría.
Estrenar algo de ropa nueva.
Leer, oler y manosear un libro, disfrutando de cada página.
Estar de sobremesa hablando con la gente que aprecias, solamente por el puro placer de estar con ellos.
A veces hay que pararse y  pensar lo  que verdaderamente nos va a dar ese pequeño placer diario que seguro nos merecemos. 
Cris

lunes, 8 de octubre de 2018

En el metro



En el metro

La despertó el sonido del despertador. Inmediatamente se dio cuenta de que aquel timbrazo la sacaba de un sueño muy real, quiso apagar el reloj para saborear su sueño, tanteando sin mirar notó que el reloj cayó al suelo, un poco enfadada puso los pies en las frías baldosas y recogió el reloj que aún sonaba estridente.

Fue a la cocina y descubrió que no había café, calculó un momento y pensó que sería buena idea poner la cafetera al fuego y  mientras se daría una ducha rápida. El agua estaba tan calentita que se demoró un poco más de la cuenta, de tal manera que, cuando fue a la cocina el café había hervido y se había salido dejando un reguero oscuro a través del mueble blanco y un charco en el suelo al que miró muy enfadada. Ahora tenía que recogerlo.

Con el ánimo ofuscado fue a vestirse, buscó una camiseta que no encontró por ningún sitio, desistió y se puso una blusa que no le apetecía en absoluto. Ya preparada se dispuso a bajar al portal, el ascensor tardaba demasiado, decidió bajar por las escaleras. Caminando hacia el metro, un perro que pasó por su lado comenzó a ladrar fuertemente, provocándole un pequeño susto y pensó ¿qué más me puede pasar hoy?
Pero el destino le tenía reservada una cosa más.

Al momento de cerrarse las puertas del vagón, empezó  a sonar la música, una canción muy conocida que a ella le gustaba especialmente, llevando el ritmo con los pies y tarareando  se bajó del metro mucho más contenta de lo que había entrado.
Sonriendo pensó que la música puede hacer que un mal día cambie por completo.
Cris


domingo, 7 de octubre de 2018

Días difíciles


Días difíciles


Cuando la mente no va acorde con el cuerpo.
El cuerpo no tiene energía para moverse, pero la mente va más allá de lo imaginable. O en cambio la mente está perezosa y no deja que el cuerpo se mueva.
Tienes pereza hasta para quitarte el pijama, con lo cual decides estar todo el día con él puesto
Sin lavarte, sin peinarte, hasta  se te olvida cuántas horas llevas con el pijama puesto.

Cuando el ánimo desaparece y te abandona. ¿Qué haces con el cuerpo?
Cuando la mente te juega malas pasadas y no comprendes lo que te pasa, sólo sientes que quieres estar sola, sin ver a nadie y sin que nadie te vea, porque estás sin peinar, pero es como más a gusto estás. Cuando la gente más cercana a ti, debería hacer que te sientas mejor y por el contrario te ignora, porque creen que ya se te pasará.  Y cuando te dicen algo, sueltas un bufido porque no quieres que nadie te mire ni te vea y menos que te dirijan la palabra porque eso supone el esfuerzo de contestar, aunque después de un tiempo ya  ni contesto.
Cuando pones la radio a todas horas para no escuchar las voces de tu cabeza que no te dejan estar tranquila. Lo que cuenta la radio no te interesa en absoluto pero hace que lleves la mañana más fácil pues dejas de pensar en tantas tonterías. Los pensamientos inútiles hacen que estés cansada físicamente.
Todo esto es más duro cuando has sido una persona optimista, alegre, sonriente y te ves en el espejo y no pareces tú. No puedes parar de pensar en lo que te está pasando y cómo has cambiado.
Cuando salir a la calle simplemente te hacía feliz, ahora pasan los días y no sales y si tienes que salir a algo, vas mirando al suelo y rápidamente para volver a tu refugio y no ver a nadie y por supuesto que nadie te vea con esa cara.
Quieres que todo vuelva a ser como antes, pero sabes claramente que nada podrá volver a ser como antes porque tú has cambiado.
Es otra etapa de la vida, pero mucho más difícil de superar.
Cuando ves el sol a través de la ventana y recuerdas lo que el sol significaba para ti antes de todo este proceso que está acabando contigo.
El sol era la alegría y al entrar por la ventana te hacía bailar, ahora estás cabizbaja y ni siquiera lo aprecias, pero te trae buenos recuerdos.


Clave de Sol